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En tiempos de tormenta, cuando los vientos soplan fuerte, el único que sobrevive a tal desastre es el bambú… Esto se debe, en parte, a su flexibilidad… Entre otras cosas…

No tenemos que ser agricultores para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego… Quien cultiva la tierra no se detiene impacientemente frente a cada semilla a exigir que crezca…

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú: Siembran la semilla, la abonan, y se ocupan de regarla constantemente, todo lo normal…

La diferencia es que durante los primeros meses no sucede nada apreciable, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de que el trabajo que hizo no sirvió de nada…

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece… Y más de 30 metros…

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, el bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener siete años después…

En la vida cotidiana, así mismo, el éxito es resultado del crecimiento interno…

Valdría la pena recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que no debemos abandonar algo por desesperación, ya que en realidad ALGO MUY IMPORTANTE puede estar sucediendo dentro de nosotros: estamos creciendo, estamos madurando, NOS ESTAMOS FORTIFICANDO…

Quienes no se dan por vencidos, van creando los hábitos para hacer que el éxito suceda…

No desesperes si lo que buscas parece ser imperceptible, quizá sea que ahora mismo estés echando esas VALIOSÍSIMAS raíces…